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Honduras : elecciones bajo la Doctrina Monroe

Las elecciones hondureñas del 30 de noviembre estuvieron marcadas por una fuerte injerencia de Donald Trump, quien amenazó al país si no ganaba « su candidato ». Rixi Moncada, candidata del partido de Xiomara Castro, cayó al tercer lugar, en medio de denuncias de manipulación del recuento electoral.

Honduras : elecciones bajo la Doctrina Monroe
Tegucigalpa, Honduras - November 30, 2025 : Election Day, street advertisement of the candidate Salvador Nasralla from the Partido Liberal.

(Image : josuef3r Shuttestock.com)

En mayor medida que otros países de Centroamérica, Honduras ha estado bajo la influencia directa de Estados Unidos desde el siglo XIX. Desde las incursiones de aventureros imperiales como el filibustero William Walker hasta el bipartidismo de estilo estadounidense a partir de la década de 1980, pasando por los enclaves bananeros de la United Fruit Company y la Standard Fruit Company, el Gran Hermano del Norte siempre ha ejercido su influencia de forma descarada. Así ocurrió en 2009, cuando los militares derrocaron al presidente Manuel Zelaya. El argumento fue que este se encaminaba hacia un segundo mandato inconstitucional, pero la razón profunda era en realidad que, como miembro de la elite tradicional del país, Zelaya se había atrevido a atacar el poder ilimitado de los grupos dominantes.

Al golpe de Estado le siguieron 12 años de resistencia de la población, especialmente de los sindicatos, las organizaciones indígenas, las asociaciones de estudiantes y los grupos feministas, contra la denominada « narcodictadura » del Partido Nacional, formalmente confirmado tres veces en las urnas en elecciones sospechadas. De este amplio movimiento surgió entonces el partido Libertad y Refundación (LIBRE), autoidentificado como « socialista democrático », una novedad en un país con una arraigada tradición anticomunista. Fundado por el propio Zelaya, que sigue presidiéndolo como moderador de sus numerosas facciones, LIBRE ganó las elecciones presidenciales de 2021 con más de 50% de los votos y llevó al poder a Xiomara Castro, la esposa del ex-mandatario.

Ahora, cuatro años después, campea la decepción. Sin duda, las señales previas a las elecciones no eran promisorias : muchos proyectos reformistas del gobierno de Castro quedaron paralizados por falta de mayoría en el Congreso ; a menudo la base radical del partido se sintió frustrada por compromisos con la antigua elite ; demasiadas veces hubo que afrontar la realidad de que tampoco LIBRE estaba al margen de la corrupción y de los vínculos con los omnipresentes carteles de la droga del país ; tampoco ayudó la imagen que proyectó la inclusión de demasiados miembros de la familia Zelaya en puestos públicos.

Probablemente, LIBRE no estaba lo suficientemente preparado para las famosas « dificultades sobre el terreno » y, hasta el final, no encontró una forma efectiva de implementar su programa en un Estado cuyas instituciones, desde su fundación, prácticamente solo han servido para enriquecer a las elites nacionales y como « portaaviones » para las intervenciones de Estados Unidos contra los movimientos revolucionarios de la región. El gobierno nunca logró imponer sus propios discursos frente a la cobertura negativa de los medios de comunicación y los influencers conservadores. Pero aun así, la magnitud de la derrota electoral no es fácil de asimilar. No es solo que las calles de Tegucigalpa y de la metrópoli industrial de San Pedro Sula hayan quedado vacías el lunes después de las elecciones, sino que tampoco se oye nada en la base de LIBRE y en la sociedad civil.

El antiguo orden triunfó : el Partido Nacional, con su candidato Nasry Asfura, se situaba ligeramente por delante del autoproclamado luchador contra la corrupción Salvador Nasralla, que esta vez se presentó por el Partido Liberal. Estos partidos representan el antiguo sistema bipartidista, en el que el Partido Nacional se sitúa algo más a la derecha que el Liberal, y ambos son históricamente anticomunistas y proestadounidenses. El ex-presentador de televisión y populista Nasralla se había postulado por última vez en 2021 con su propio partido, Salvador de Honduras, en coalición con LIBRE, y fue primer designado presidencial de la República, un cargo equivalente a vicepresidente, hasta abril de 2024, pero luego se alejó del gobierno de Xiomara Castro.

Durante la campaña, tanto Asfura como Nasralla avivaron con éxito el temor a que Honduras se convirtiera en una nueva Venezuela, o incluso en Cuba, e hicieron olvidar por completo hasta qué punto el país centroamericano se había convertido en un autoservicio del capitalismo globalizado bajo el último gobierno del Partido Nacional : regiones enteras fueron cedidas a inversores extranjeros como zonas de desarrollo y empleo (ZEDE), el primer « territorio libertario » de América Latina. Allí no hubo empleo ni desarrollo, pero sí muchas exenciones fiscales para Peter Thiel y otros defensores del tecnofeudalismo. Por su parte, grupos católicos y evangélicos conservadores se movilizaron en « defensa de la familia y los valores » contra la « ideología de género » supuestamente presente en reformas del gobierno. La Conferencia Episcopal (CEH) y la Confraternidad Evangélica convocaron a una masiva « caminata por la paz y la democracia » el pasado 16 de agosto, que fue interpretada como una marcha antigubernamental.

La corrupción y el tráfico de drogas alcanzaron niveles sin precedentes, en especial bajo el presidente Juan Orlando Hernández. Este fue finalmente extraditado a Estados Unidos bajo el gobierno de Castro y condenado allí a 45 años de prisión por tráfico de drogas. Solo dos días antes de las elecciones, Donald Trump lo indultó. Además, el presidente estadounidense garantizó un generoso apoyo si ganaba « su candidato », Asfura. De lo contrario, dijo que no « malgastaría su dinero » y habría aranceles punitivos y deportaciones de inmigrantes : la nueva « normalidad » de la política exterior estadounidense en su « patio trasero ». Pero las amenazas no son inocuas : más de un millón de hondureños viven en el extranjero, la gran mayoría en Estados Unidos, y sus remesas son imprescindibles para la economía hondureña.

Todo esto parece haber afectado a LIBRE. Tras el recuento de 99% de los sufragios en un conteo interminable, Asfura y Nasralla están empatados con alrededor de 40% de los votos cada uno, con una mínima ventaja para Asfura. La candidata de LIBRE, la ex-ministra de Defensa Rixi Moncada, quedó en tercer lugar, con 19% de los votos. En Honduras no hay segunda vuelta, el candidato con más votos es automáticamente elegido presidente de la República.

La participación electoral cayó de 68% a 51% entre 2021 y 2025. Tanto el partido LIBRE como el candidato Nasralla han denunciado fraude y manipulación del sistema de conteo, y la izquierda convocó a movilizaciones en las calles. No hay datos fiables sobre los cambios de preferencias de los votantes, pero al parecer una parte significativa de los de LIBRE se quedaron en casa o depositaron su confianza en Nasralla, que buscó presentarse como candidato antisistema. La campaña electoral se vio ensombrecida por acusaciones de manipulación de votantes, y la interrupción del ya lentísimo recuento durante más de 24 horas tampoco contribuyó a la confianza en la autenticidad de los resultados. LIBRE ha admitido tímidamente su derrota y, al mismo tiempo, ha formulado nuevas acusaciones de fraude, sobre todo contra el Partido Nacional, que ya era conocido por apelar al fraude electoral durante su mandato. Contrariamente a todos los temores de la comunidad internacional, no cabe esperar un golpe de Estado por parte de LIBRE, y tampoco se produjeron disturbios importantes el día de las elecciones. Según la legislación vigente, la autoridad electoral tiene hasta 30 días para anunciar los resultados definitivos, aunque Trump, entre otros, insta a que se acelere el proceso. Es probable que ningún partido cuente con mayoría en el Parlamento. Las últimas cifras sitúan al Partido Nacional con 49, al Liberal con 41 y a LIBRE con 35 de los 128 escaños.

En cualquier caso, Honduras ha perdido una oportunidad histórica de lograr un cambio en el país más pobre de Centroamérica. Ahora será decisivo para el futuro el modo en que LIBRE procese la derrota tras el primer impacto : el apoyo parece haberse reducido a su electorado duro, que, sin embargo, es de alrededor de 20% de los votantes.

¿Se considerará esto como el punto de partida para un nuevo comienzo, o saldrán a la luz las fracturas internas de la amplia base del partido ? El ex-presidente Zelaya tiene un papel decisivo por desempeñar, ya que, por un lado, parece ser la única persona con suficiente fuerza integradora para unir a la diversa izquierda hondureña. Por otro lado, y como lo demuestra el resultado electoral, LIBRE necesita con urgencia caras nuevas y atractivas si quiere volver a desafiar al sistema bipartidista.


Les opinions exprimées et les arguments avancés dans cet article demeurent l'entière responsabilité de l'auteur-e et ne reflètent pas nécessairement ceux du CETRI.

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