• Contact
  • Connexion

El gobierno Bolsonaro es la expresión de un país que no queremos ver

(Foto : Pedro França/Agência Senado)

El pasado fin de semana en un debate con un grupo de amigos y amigas brasileñas, una compañera, abogada y actriz, argumentaba que el gobierno Bolsonaro no representa la identidad de Brasil, su música diversa y maravillosa, su arte popular diseminada en cientos de expresiones regionales y locales, desde la artesanía de Mestre Vitalino hasta los trabajos en cuero que se aprecian en Rio Grande do Sul, la poesía romántica y desenfadada de un Vinicius de Moraes o los versos modernistas de un Carlos Drummond de Andrade o la novela lirica de una Clarice Linspector. Tampoco este gobierno representaría, el candomble, la capoeira, la literatura de cordel o el batuque que retumba permanentemente en barrios y pueblos de este país continente. Este Brasil que es la patria idolatrada, admirada, no es el país de los brutos, de aquellos que tienen repulsión por la inteligencia, de los que atacan a negros, homosexuales y migrantes. Eso no es, de ninguna manera “Nosso Brasil”, concluía mi amiga.

Sin embargo, este otro Brasil cavernario, que se escondía e invisibilizaba detrás del rostro amable, festivo y creativo de la nación que encantaba al mundo con sus músicas, sus bailes, su carnaval y su fútbol-arte, digo este otro Brasil de las alcantarillas y del odio, de la brutalidad y la grosería también es “Nosso Brasil”. Lamentablemente, hay que hacerse cargo de ese otro país casi desconocido después del ciclo social demócrata que se instauró a partir de 1992, luego del impeachment de Fernando Collor de Melo. Ese Brasil que coexistía en estado larvado en los rincones olvidados de este gran territorio, que vivía entre los ruralistas del Pantanal mattogrosense o entre los grupos supremacistas blancos de los Estados del Sur (Rio Grande, Santa Catarina y Paraná), fue creciendo inclusive entre los sectores medios de Rio de Janeiro, ciudad de Tom Jobim, Nara Leão, Baden Powell y del bossa nova, donde surge políticamente Jair Bolsonaro. Y, sobre todo, es la misma ciudad que lo mantuvo durante 30 años en el cargo de Diputado Federal, a través de consecutivas reelecciones.

Los toscos, los prejuiciosos, los predadores también convivían con los brasileños afables y empáticos en este extenso pedazo de tierra ; los burdos, los ordinarios, los retrógrados eran actores sociales que seguían realizando su vida lejos de los noticiarios, las revistas y las redes sociales virtuales. Y existieron antes, por supuesto. No es posible entender el Golpe de 1964 sin considerar las manifestaciones de esos sectores retardatarios que en la llamada “Marcha por la familia” imploraban a los militares para lanzarse en la asolada golpista y destituir al gobierno progresista de João Goulart. No hay que olvidar tampoco que Brasil es una nación esclavista, cuya marca y herencia perversa sigue permeando a los sujetos políticos y sociales de la contemporaneidad, como lo describe con tanto oficio y rigurosidad el historiador Sidney Chalhoud en su libro “La fuerza de la esclavitud” (A força da escravidão).

Son los herederos aggiornados de estos mismos sectores que emergieron de las penumbras y los sótanos de la historia para conspirar y deponer el gobierno de Dilma Rousseff e instalar a un vicepresidente traidor y sin cualidades, excepto la de ser un fantoche que proporcionara el ambiente necesario para nutrir a la serpiente que se estaba incubando.

El triunfo de Bolsonaro hace casi 2 años, representó la destrucción del dique civilizatorio inquebrantable que se pensaba – erróneamente - la nación había construido para un futuro promisorio. Con él asomó lo peor de la política brasileña, los acuerdos bajo cuatro paredes, el fisiologismo más abyecto, las milicias haciéndose cargo de la “seguridad ciudadana”, los pastores evangélicos enrumbando su ganado hacia el pentecostalismo de la prosperidad, los ministros militares ignorantes e incompetentes tomando cuenta de casi todos los ministerios, los predadores destruyendo la selva amazónica, el Pantanal, los páramos, el cerrado mineiro y la mata atlántica.

En el último aspecto, la acelerada destrucción de la floresta y los incendios criminales que se vienen produciendo en el Amazonas y ahora en la región del Pantanal, sitúan a Brasil como el principal enemigo del medioambiente a escala global. Este año de 2020 se muestra como el periodo más trágico para los ecosistemas brasileños, para la biodiversidad y para las poblaciones indígenas que habitan en esos territorios. Si el año pasado una extensa parte del país fue cubierta por el humo producido por las quemadas intencionales causadas por los productores de ganado y soja, este año las consecuencias de dichas quemadas serán mucho más graves y con efectos deplorables y catastróficos para el conjunto de la región y del planeta.

Para el ex embajador y ex Ministro de Hacienda Rubens Ricupero, la imagen simpática y positiva que tenía Brasil en el concierto internacional de naciones se ha ido desfigurando hasta transformarse en la actualidad como una triste sombra de lo que fue en el pasado : “Ahora todo está siendo destruido por nada, sin ganar nada a cambio. Es algo gratuito, absurdo y sin sentido”.

Ni esta catástrofe natural ni la tragedia humanitaria causada por el Covid-19 -que ya suma más de 150 mil fallecidos- parece impactar a los electores del ex capitán, que actualmente cuenta con el apoyo del 40% de los votantes. Esta es la verdadera tragedia de Brasil, tener una población que continúa adhiriendo a un gobierno que se ha propuesto destruir las bases de aquello que intentaba transformarse en una comunidad de destino más justa y solidaria, con mayores posibilidades de realización y mejores oportunidades de inclusión por vía de la educación (Escuela para Todos, PROUNI), la salud (SUS), la vivienda (Minha Casa, Minha Vida), el acceso al agua (Cisternas para el Semiárido), el consumo básico (Bolsa familia), etc. En síntesis, en un proyecto que apuntaba hacia la construcción de una Ciudadanía digna y diversa, que profundizara los logros obtenidos con mucho esfuerzo por las sucesivas administraciones del Partido de los Trabajadores. Ahora todo aquello es denigrado como una fórmula del “marxismo internacional” que puso sus garras en el país. ¡Cuánta ignorancia !!

Ciertamente, para quienes nos ubicamos en el campo democrático popular, resulta sumamente decepcionante constatar que existe una parte significativa de la población brasileña que es incapaz de percibir el tamaño de retroceso y estulticia que encierra el actual gobierno, personificado en una figura grotesca, perversa y odiosa como Bolsonaro. Eso implica que no hay que restarse de la autocrítica de como el país llegó a este punto de degradación y simultáneamente, como pensar los caminos imperiosos que es preciso edificar para salir cuanto antes de este atolladero histórico. Hay, por lo tanto, que recuperar el Brasil justo y empático, este territorio donde también habita “la Alma Grande y Generosa” que quieren destruir los profetas de la muerte. Esa es una tremenda tarea que hay que emprender ahora mismo, antes que el país del prejuicio, la ignorancia y la odiosidad acabe con todos/as sus habitantes y con todas las formas de vida. Entiendo ahora aquello que mi amiga deseaba expresar y es que Brasil es mucho más que esa estupidez y agresividad que se aprecia en el día a día de la acción gubernamental, sus habitantes son mucho más magnánimos y cálidos de toda esa bazofia que aparece en los discursos oficiales y en las declaraciones aberrantes del presente inquilino del Palacio do Planalto.

Mientras tanto, como emulando al general franquista José Millán-Astray, quien le gritó a Miguel de Unamuno la frase innoble de ¡Abajo la inteligencia ! ¡Viva la muerte !, el ex capitán parece desear lo mismo para Brasil, destruyendo cualquier atisbo de inteligencia nacional y condenando el país al atraso y la servidumbre, para erigir malignamente el imperio de la devastación absoluta, el reino de Tánatos, el gobierno de la necropolítica.


Les opinions exprimées et les arguments avancés dans cet article demeurent l'entière responsabilité de l'auteur-e et ne reflètent pas nécessairement ceux du CETRI.

Lire aussi ...

Comprendre la montée de l’extrême droite au Brésil... pour mieux la contrer

L’extrême droite brésilienne n’a pas surgi ex nihilo avec l’ascension et la victoire de Jair Bolsonaro à l’élection présidentielle de 2018. Elle s’inscrit dans une trajectoire historique longue, (…)

Soja, pouvoir et territoire en Amérique du Sud : trajectoire d’une culture sous influence

Accord Union européenne – Mercosur L’accord UE-Mercosur, sur le point d’être définitivement approuvé, ne se contente pas d’exposer les agriculteur·rices européen·nes à une concurrence déloyale (…)

Brésil : projet de loi « far west » Podcast

Brésil : projet de loi « far west »

Au Brésil, une loi vient d’être votée pour accorder une prime aux policiers, de 10 à 150% de leur salaire, s’ils neutralisent des criminels. Certains parlent déjà d’une loi far west. Entretien (…)

La souveraineté brésilienne prise en étau entre pressions extérieures et manœuvres politiques internes

La condamnation de Jair Bolsonaro et de hauts gradés pour tentative de coup d’État rompt avec des décennies d’impunité des élites civiles et militaires. Mais cette avancée démocratique se heurte (…)

Jair Bolsonaro condamné : un tournant pour le Brésil ? Podcast

Jair Bolsonaro condamné : un tournant pour le Brésil ?

Intervention de Laurent Delcourt du CETRI sur les ondes de la RTBF (Les Clés/La première) --- Jair Bolsonaro a été condamné à 27 ans de prison pour tentative de coup d’État. Une décision de (…)

Pourquoi le maillot de l’équipe de foot du Brésil s’invite dans nos garde-robes

Un article de Sascha Backes (Le Soir) qui s’est entretenue avec Laurent Delcourt (CETRI). Le maillot brésilien, devenu icône de mode en Europe et sur les réseaux sociaux, cache une histoire (…)

Palestine et Niger : entre enchantement et désenchantement démocratique

L’ouvrage collectif Mondes en guerre : Militarisation, brutalisation et résistances édité par le Centre tricontinental fin 2024 revient sur des tendances fortes observables dans la récente (…)

Deux ans après le coup d'État, quel bilan pour le régime militaire au Niger ? Niger

Deux ans après le coup d’État, quel bilan pour le régime militaire au Niger ?

C’est au nom de la restauration de la sécurité et de la souveraineté qu’une junte a chassé le pouvoir civil en juillet 2023 au Niger. Depuis lors, la situation du pays s’est dégradée sur les plans (…)

« Le gouvernement brésilien ne fait rien en matière de réforme agraire »

Au cours de ses quarante années d’existence, le Mouvement des travailleurs sans terre a rendu sa dignité à une grande partie de la population rurale brésilienne, selon João Pedro Stédile. Le (…)

Adhésions africaines aux BRICS : entre visées géopolitiques et attentes économiques

Avec l’élargissement aux pays africains, les BRICS peuvent plus légitimement prétendre parler au nom du Sud global. En dépit de la rhétorique géopolitique, les motivations de ces nouveaux membres (…)