La crisis alimentaria actual—creada a lo largo de décadas—es un aplastante
indicador contra la agricultura capitalista y contra los monopolios corporativos que
dominan el sistema alimentario mundial. El complejo industrial agroalimentario creó la
crisis al monopolizar los insumos industriales, la industria agrícola, las plantas
procesadoras y los comercios de distribución. Las acciones del complejo industrial
agroalimentario y la auto aplicación de soluciones neoliberales propuestas por las
instituciones mundiales multilaterales que dirigen a los países industriales, se juntan
con el escepticismo, la desilusión y la indiferencia del público general del Norte, que
está más preocupado en el descenso de la crisis económica global que en la crisis
alimentaria. El neoliberalismo se aferre en su posición y ha encontrado una resistencia
creciente en los más afectados por la crisis—los pequeños productores de todo el
mundo.
Al concluir la “Ronda de Desarrollo” de Doha sobre negociaciones de comercio las
soluciones presentadas por el Banco Mundial, la Organización de Alimentación y
Agricultura de ONU (FAO, siglas en ingles), el Grupo Consultivo para Investigación
Agrícola Internacional (CGIAR, siglas en ingles) y la mega-filantropía proponen acelerar
la expansión de la biotecnología, revivir la Revolución Verde, reintroducir los préstamos
condicionados del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI) y recrear
el actualmente fragmentado poder de Organización Mundial del Comercio (OMC).
Estas instituciones tienen el mandato del capital de mitigar el hambre, reducir las
tensiones sociales y reducir la cantidad de campesinos productores en todo el mundo—
sin introducir cambios sustanciales a la estructura del sistema alimentario mundial. Las
estrategias neoliberales se oponen por completo a las propuestas agroecológicas y de
soberanía alimentaria que defienden las federaciones campesinas y las organizaciones
de la sociedad civil en todo el mundo, las cuales buscan transformar el sistema
alimentario. La crisis alimentaria se ha convertido en un punto fundamental en la lucha
de clases sobre el futuro del sistema alimentario, esto lo evidencia los desacuerdos y
las declaraciones de protesta en las recientes Reuniones Cumbre de Roma, Hokkaido
y Madrid, la creciente resistencia pública en contra del complejo industrial
agroalimentario, así como el aumento, diseminación y convergencia política de los
movimientos sociales a favor de la agroecología, la reforma agraria, la justicia social y
la soberanía alimentaria.
La Crisis Alimentaria
El año pasado se produjeron cifras récord tanto en la cantidad de personas pobres
sufriendo hambre en el mundo, como en las máximas cosechas y ganancias de las
principales corporaciones industriales agroalimentarias. La contradicción de aumentar
el hambre al mismo tiempo que aumenta la riqueza y la abundancia realzada por
“rebeliones alimentarias”, no se había visto en décadas. Las protestas en México,
Marruecos, Mauritania, Senegal, Indonesia, Burkina Faso, Camerún, Yemen, Egipto,
Haití y otros veinte países fueron provocadas por el desmedido aumento en los precios
de los alimentos (ver artículo de Walden Bello y Mara Baviera sobre el tema). En junio
de 2008, el Banco Mundial reportó que el precio de los alimentos subió 83% en relación
a los últimos tres años y FAO informó que el índice de precio de los alimentos en todo
el mundo aumentó 45% en sólo nueve meses. [1] Mientras que los precios de las
mercancías han bajado debido a la crisis económica y a que los especuladores han
disminuido sus ganancias en las mercancías, los precios de los alimentos se mantienen
altos y no se espera que bajen a los niveles tenidos antes de la crisis.
Las numerosas y extendidas protestas no fueron simplemente “motines” de masas
enloquecidas por el hambre. Más bien fueron airadas demostraciones en contra de los
altos precios de los alimentos en países donde anteriormente tenían sobreproducción
de alimentos, y donde los gobiernos y las industrias ignoraron la apremiante situación y
las demandas populares. En algunos casos sólo fue gente hambrienta tratando de
obtener comida de camiones o supermercados. Alarmados ante el creciente
espectáculo del descontento social, el Banco Mundial declaró que sin una inyección
masiva e inmediata de ayuda alimentaria, 100 millones de personas en el Sur serían
parte del enorme rango de hambrientos en el mundo. [2] Esta estridente advertencia
avivó de inmediato creencias Maltusianas en la industria agroindustrial y desencadenó
una oleada de heroicas promesas sobre nuevas semillas genéticamente modificadas
de alto rendimiento, resistentes a cambios climáticos y biofortificadas. El Banco Mundial
lo llamó un “Nuevo Acuerdo” para agricultura y lanzó un portafolio de US$1.2 billones
para préstamos de emergencia. La FAO llamó, aunque sin éxito, a los gobiernos de los
países miembros de la OECD (Organización para la Co-operación y el Desarrollo
Económico, siglas en ingles) para financiar con US$30 billones la reactivación de la
agricultura de los países en vías de desarrollo. Bill Gates el mega-filántropo invitó a
corporaciones multilaterales a seguirlo creando una nueva era del “capitalismo
creativo”, prometiendo que su nueva Alianza para la Revolución Verde en África
(AGRA, siglas en ingles) brindará a cuatro millones de pequeños productores semillas y
fertilizantes.
Con la cosecha record del 2007, según la FAO, había más de los necesario para
alimentar a toda la población mundial en el 2008—al menos 1.5 veces lo requerido. De
hecho, en los últimos veinte años la producción de alimentos ha aumentado
anualmente 2%, mientras que el índice de población ha disminuido 1.4% anual.
Globalmente, no es la población humana la que agota las reservas de alimentos. Más
del 90% de la población pobre es simplemente demasiado pobre para poder comprar
sus alimentos. Los altos precios de los alimentos son el problema, porque
aproximadamente tres billones de personas—la mitad de la población mundial—sufre
moderada o extrema pobreza. Al rededor de la mitad de la población de los países en
vías de desarrollo ganan menos de dos dólares diariamente. Aproximadamente 20%
sufre “extrema pobreza” y gana menos de un dólar al día. [3] Muchas de las personas
clasificadas como pobres son campesinos de subsistencia, quienes han sido
despojados de la tierra y del agua, por ello no pueden competir con el Mercado global. [4]
Además, el desvío de gran cantidad de granos para alimentar el ganado industrial y de
vegetales para producir aceite en economías emergentes, así como la ocupación de
tierra y agua para producir agrocombustibles, ejerce una fuerte presión en el mercado
de alimentos básicos.
No sorprende que, los mayores monopolios de agroalimentos obtengan de la crisis
alimentaria gigantescas ganancias. En el ultimo trimestre del 2007 cuando la crisis
alimentaria mundial despuntaba, las ganancias de Archer Daniels Midland aumentaron
42%, las de Monsanto 45% y las de Cargill 86%. La subsidiaria de Cargill, Fertilizantes
Mosaic logró que sus ganancias aumentaran 1,200%. [5]
La constante concentración de ganancias y poder de mercado en los países
industrializados del Norte, refleja la pérdida de capacidad en la producción y el
aumento del hambre en los países del Sur. A pesar de la aclamada productividad de
las semillas de la Revolución Verde y a pesar de las campañas sobre desarrollo
promovidas durante décadas—más recientemente la escurridiza campaña Metas de
Desarrollo del Milenio—el hambre per capita es mayor y la cantidad de personas
desesperadas por el hambre en el planeta ha aumentado de 700 millones en 1986 a
800 millones en 1998. [6] Actualmente esta cantidad se eleva a un billón.
Hace cincuenta años, los países en vías de desarrollo tenían anualmente una
sobreproducción agrícola de US$ 1 billón, dedicada al comercio. Después de décadas
de desarrollo capitalista y de la expansión global del complejo agroalimentario
industrial, el déficit de alimentos en el Sur se ha elevado a US$11 billones por año. [7] La
factura de importación de cereales para los países pobres con déficit alimentario
actualmente supera los US$38 billones y la FAO anticipa que aumentará a $50 billones
en el 2030. [8] Que los países del Sur cambiaran de ser autosuficientes en alimentación a
ser dependientes es producto de la colonización del sistema alimentario nacional y de
la destrucción de la agricultura campesina.